LA CONFESION DE UNA MUERTA:
Esto es una historia real que le sucedió a un sacerdote de la Ciudad de México, de apellido Aparicio. Se cuenta que había sido invitado a cenar a la casa de una noble familia, cuando fue interrumpido por unas personas que tocaban a la puerta. Los criados le avisaron al padre que lo buscaban dos personas humildes que aparentemente estaban algo pasados de copas. El padre salió a ver quién le llamaba y los dos desconocidos le pidieron que los acompañara indicándole que había una moribunda que necesitaba de sus servicios en un lugar cercano.
El padre se disculpó con el dueño de la casa diciéndole que acudiría a ese llamado y que regresaría pronto. Una de estas personas le mostro el camino. Al final de un estrecho callejón por donde caminaban encontraron un auto y un conductor que le dijo que lo llevaría con la persona de la que se hablaba. Ayudaron al Padre a subir y el conductor comenzó a transportarlo hacia su destino. Dejaron atrás las calles del Centro de la Ciudad de México, y poco a poco el Padre comenzó a distinguir que se acercaban a los límites de la región. Llegaron a una casa con aspecto descuidado y ruinoso. Las ventanas estaban cerradas con tablones y la puerta carecía de cerradura, por lo que rechinó sonoramente cuando una anciana salió a recibir al Padre.